24 de marzo: Reflexión en primera persona

Hace 50 años, tenia 21, era un soldado en el Servicio Militar Obligatorio, había ingresado en febrero de 1975, con instrucción militar en el Regimiento de Infantería Motorizada N° 3 en el Barrio de la Tablada, conurbano bonaerense.
Había atravesado todo ese año en distintos destinos militares, muchas veces preso por insubordinación a mis superiores. Finalmente recale en lo que entonces era, el Comando en jefe del Ejército, actualmente es la sede del Ministerio de Defensa, en Azopardo 250. Un grandioso edificio con un robusto estilo denominado Renacimiento Francés que comenzó a construirse en 1938, por los arquitectos Enrique Lopardo, Néstor Pastrana, y Héctor Campini; bajo la dirección General de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas de la Nación.
Es el “Edificio Libertador” y es una obra fantástica que aquel año, entre sus escaleras de mármol, pisos de madera, arañas de cristal y cortinas de seda se pergeñaron lo detalles finales del Golpe de Estado en 1976.
En el tercer piso estaba el grandioso despacho del teniente General, Jorge Rafael Videla. Allí lo visitaron Orlando Ramón Agosti, Brigadier General y jefe de la Aeronáutica Argentina y el Almirante Emilio Eduardo Massera, el jefe de la Armada Argentina un hombre frio y despiadado.
Juntos conformaron la primera Junta Militar del gobierno de facto en 1976.
El colimba
Los “colimbas» o soldados rasos en aquel año y en ese destino sabíamos, de antemano y mucho antes que se produjera, que, esos generales se quedarían con el gobierno de María Estela Martínez de Perón. Lo que no nos imaginábamos fue que abrirían las puertas del infierno para darle lugar a la dictadura más feroz que haya conocido en mi vida. En 1976 no tenía conciencia de lo que enfrentaría en los próximos siete años, con Guerra de Malvinas incluida.
El 24 de marzo, una vez consumado el golpe, salí de ese edificio a las 7 de la mañana, había estado “acuartelado”, un término horrible y peor era su significado para los que éramos soldados “obligados a servir a la patria”. Me dirigí hacia la Plaza de Mayo. Estaba sitiada, pero como vestía uniforme militar, pase sin problemas por los retenes.
En la plaza pude ver un grupo de personas, civiles, que vitoreaban frente a la Casa Rosada con banderas argentinas en sus manos. El aspecto cívico del golpe estuvo a la vista.
Era cocinero de los comandantes de aquellos años. Le cocinaba a coronel Roberto Viola, reemplazó a Videla en 1981, luego vino Leopoldo Fortunato Galtieri. Eran años de violencia generalizada. Ataques, bombas, muertes en las calles de Buenos Aires. Mataban los combatientes de grupos armados, mataba también la policía, los servicios, los parapoliciales, el ejército y, también, nosotros, como soldados estábamos entrenados para matar.
Ideas revolucionarias
El contexto de los años sesenta y setenta fueron las luchas revolucionarias en distintas partes del planeta, se planteaba la toma del poder por las armas, había que hacer la revolución en el mundo entero para igualar las condiciones de vida de la humanidad.
El Muro de Berlín dividía al mundo, el sistema capitalista debía ser destruido y cambiar las reglas de juego, los medios de producción debían estar en manos del estado y este debía ser gobernado por los trabajadores socialistas. Muchos jóvenes abrazaron estas ideas y produjeron eventos masivos como el “Mayo Frances” en 1968, que se convirtió en un arquetipo, por la unidad de estudiantes y trabajadores. Era el modelo que se repetía en Latinoamérica. En 1969 mataron al Che Guevara en Bolivia y en Argentina se produjo el “Cordobazo”, un episodio que cambió la dinámica y alentó los jóvenes, mayoritariamente, universitarios, a pasar a la acción. Tomaron las armas y nacieron las organizaciones armadas como el ERP de izquierda, incluidos los trotskistas, Montoneros, de tendencia peronista socialista y otras similares.
La reaccion no se hizo esperar
La reacción del sistema capitalista también fue mundial. Desde los años 50 EEUU había iniciado las intervenciones militares en distintos países. Primero Corea luego Vietnam, que fue un símbolo, un método a seguir para ambos bandos. Los franceses aportaron el sistema de inteligencia y los norteamericanos los adaptaron. En 1963 crearon la Escuelas de las Américas, con sede en Panamá. Entrenaron a militares sudamericanos en técnicas de contrainsurgencia, para enfrentar a estos grupos que se propagaban por toda América. Chile, Argentina, Uruguay, Colombia, Brasil y Nicaragua que hizo su revolución, siguieron el modelo cubano y se fueron al monte a establecer zonas liberadas.
El «Plan Condor» surgió como una herramienta de la contrarevolución para desarticular los movimientos populares que se desarrollaron en distintos países de América Latina. Los ejercitos estaban comunicados y concretaban operaciones clandestinas en distintos países. Secuestraron y asesinaron a dirigentes reconocidos en distintos paises.
Los militares argentinos fueron entrenados para secuestrar, ellos mismos inventaron técnicas de tortura, el secuestro de personas engendraba terror en la sociedad. Nada fue improvisado, fue un plan sistemático para asesinar a personas, a sus familiares, a sus amigos, y a todos los que estaban en la agenda de alguien. No fue una guerra, el enfrentamiento fue desigual y los métodos que implementaron las Fuerzas Armadas fueron ilegales.
El ejercito derrotó a la guerrilla armada en 1975, ese año no quedaban combatientes, estaban en retirada. Mario Roberto «Roby» Santucho, líder del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT-ERP), fue asesinado el 19 de julio de 1976. Murió durante un enfrentamiento y posterior operativo del Ejército en un apartamento de Villa Martelli, provincia de Buenos Aires. Montoneros saco a toda su conducción nacional del país. Se exiliaron en distintos países de Europa y América.
Luego de esa fecha las operaciones de grupos armados fueron menos, hasta la derrota total. En ese aspecto y sin resistencia, el Ejercito apeló a los excesos, a los asesinatos, robos de niños, violaciones, fosas comunes, robos, vuelos de la muerte. Fueron métodos aberrantes que provocaron cientos de muertos. Estudiantes, delegados, trabajadores/as, profesionales, familiares, hijos. Todos desaparecieron.
Los militares se quedaron siete años en el poder, los más oscuros que recuerde este pais. Dejaron un país endeudado, miles de pobres y una deuda impagable. Hoy esos desaparecidos serian jubilados y los sobrevivientes, muchos de ellos, se movilizan los miercoles al Congreso Nacional para reclamar derechos basicos y esenciales.
La Autoamnistía
La Ley de Autoamnistía (Nº 22.924), promulgada el 22 de septiembre de 1983 por el General Reynaldo Bignone, buscaba garantizar la impunidad de los militares por crímenes de lesa humanidad cometidos entre 1976 y 1982. La denominaron «Ley de Pacificación Nacional» cuyo objetivo fue extinguir las acciones penales contra autores, cómplices y encubridores de delitos cometidos durante la dictadura, alegando la «lucha contra la subversión».
El artículo 5º era realmente cínico, la ley prohibía interrogar, investigar o citar a los responsables de dichos hechos.
El rechazo social y político fue contundente, el Congreso de la Nación, en una de sus primeras medidas democráticas, declaró a la ley «insanablemente nula». La derogación permitió el inicio del histórico Juicio a las Juntas en 1985.
La ley constituyó un hito en la transición democrática argentina, representó el último intento de la dictadura por blindarse jurídicamente antes de entregar el poder.
En ese periodo los cuarteles y los campos de detención estaban en manos de las fuerzas armadas. Quemaron los archivos en los lugares donde hubo detenidos. El listado que se conoce se armó sobre los testimonios de sobrevivientes, familiares y testigos. Es decir, en la realidad, más allá de la famosa anécdota del “monto” arrepentido, Luis Labraña sobre el número, los desaparecidos pueden ser 30.000 o más, nunca menos.
Hay que coincidir que aferrarse a cifra pequeña (8500) fueron testimonios voluntarios, es abrazar una farsa. En verdad es una forma de banalizar las consecuencias de una tragedia argentina. Es cuestionar el pasado que quedará inalterable. Es una forma de hacer política, bien libertaria, sin motivaciones integras, no es de buena leche.
No obstante, creo que este discurso incentivó, en un sector de la sociedad argentina, esta idea de la intolerancia como respuesta a situaciones, esconde el principio de eliminar al progresismo, desprestigiar los derechos humanos y sus expresiones históricas, como Madres y Abuelas, Asamblea, Hijos y otras.
El tercer principio del Materialismo Dialectico, formulado por Friedrich Engels es Ley de la negación de la negación que expresa: “Todo desarrollo implica una «negación» de la etapa anterior, y a su vez, una negación de esa negación. Esto no implica una destrucción total, sino una superación (síntesis) que recoge lo positivo de las fases anteriores, llevando el desarrollo de formas inferiores a superiores”.
Así que las próximas generaciones van a pensar distinto.
Foto: Reflejos de agua del Río de la Plata sobre acero inoxidable pulido espejo
1999–2010
La pieza fue concebida específicamente para el lugar de su emplazamiento: el Río de la Plata, donde fueron arrojadas muchas de las víctimas del terrorismo de Estado. La escultura articula los conceptos de aparición/desaparición y se basa en el retrato de un adolescente desaparecido cuando sólo tenía 14 años. La obra fue inspirada en el caso de Pablo Míguez quien, si aún viviera, tendría hoy la misma edad que la artista.



