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Adiós Alberto, buen viaje amigo

“Respira y exhala por la nariz, busca tu propio ritmo, relaja tu cuerpo”, me dijo cuando aparecí, sin avisarle, en su clase de Tai Chi y Chikung en el Pipach, aquel viernes, por la mañana, de hace tres años.

Seguí sus indicaciones al pie de la letra. Mi cuerpo comenzó a mejorar con el correr de las clases, tres veces por semana. Una de sus clases se desarrollaba en el bosque fundacional, en lo que denominó “circulo energético”, un bellísimo espacio rodeado de pinos, sauces y vegetación marítima, ubicado frente a la Casa de las Cuatro Puertas. Su empatía atraía vecinos y turistas en verano. Siempre nos recibió con una sonrisa, preguntaba el nombre de cada uno ciento de veces, pero igual se confundía con algunos, cuando daba alguna indicación. Nos veíamos tres veces por semana. Sus olvidos le provocaban una sonrisa, hacia bromas de sí mismo y entre todos le recordábamos los nombres.

La Escuela Wu feng fue su idea y la hizo crecer y ayudó a vecinos y turistas, que volvían cada verano, a encontrar paz y amistad.

Te voy a recordar siempre porque me acostumbre a hacer los ejercicios que me enseñaste y que mejoraron mi calidad de vida, era tu premisa querido amigo. Acepté seguirte y con eso genere mi propio habito de respirar bien, aprendí a relajarme, a conocer mi cuerpo y mis limitaciones dada las siete décadas que acumulo en mi vida.

Como todos los que nacimos en la década de los cincuenta, llegamos a la juventud en los setenta y asumimos el compromiso con la lucha por la igualdad, los derechos y la libertad, bien entendida. Fue obrero telefónico y sindicalista de alma. Conocía el entramado de los sindicatos y atravesó la dictadura con algunos episodios que supo bancarse con dignidad. Fue perseguido y conoció los calabozos de la opresión militar. Sobrevivió y esos recuerdos marcaron su vida.

Pero aquella lucha se acomodó en su genética y nunca lo abandonó. Se jubiló y se vino a vivir a Villa Gesell, la ciudad que amó apenas la conoció. Su compañera estuvo a su lado y exaltaba el amor que sentía por esa mujer.

La movilización de los jubilados que eran golpeados y gaseados, los miércoles por la policía de Patricia Bullrich o al Jorge Macri, frente al Congreso Nacional lo motivó para formar un Centro de Jubilados al que denominó con el sugestivo y esperanzador nombre de “Utopía” al que le sumó una consigna solidaria y política, “la unión hace la fuerza”.

Era fantástico para convencer a sus seguidores, armó una comisión, logró la personería y el reconocimiento de la entidad. Buscaba una sede que no logró, pero era obstinado y no puedo descartar que no lo haya logrado con un poco más tiempo.

Los miércoles cargaba una mesa, algunas sillas para sus compañeras más fieles, todas jubiladas que se sentaban, todos los miércoles, en la puerta del Pami local, en Paseo 107 y Av. 4. Juntó más de 1800 firmas para reclamar por la medicación gratis que el Gobierno Nacional extirpó del vademécum de los jubilados, por un aumento “digno” de las jubilaciones y por recuperar la moratoria previsional. Era un luchador incansable a pesar de los achaques lógicos de su edad.

“Utopía” está armada y legalizada, lista para que alguien la continue y aglutine a los jubilados que prefieran luchar, reclamar en vez de comer ñoquis o bailar folclore, quizás se podrían hacer ambas tareas para mantener la vitalidad y el compromiso. Decía que los jubilados de este siglo eran longevos.     

También queda la escuela Wu Feng para que alguien continue con la predica de la filosofía china y la buena vida. Alentó a varios alumnos a ser entrenadores de esta disciplina.

En los últimos meses su espíritu inquieto lo llevó a crear un programa en FM Atlántica en el que combinaba la materia sindical, el Tai Chi y el centro de Jubilados Utopía. Se divertía y desarrollaba su capacidad discursiva para irradiar ideas, métodos y valores humanos.                

Se fue un hombre comprometido con la realidad, un peronista histórico, un maestro de Tai Chi, un jubilado que tenía ganas de seguir con la lucha, un hombre íntegro y valiente. Se fue Alberto. Te voy a recordar amigo y cuando llegue mi turmo, te buscare para continuar con las clases de Tai Chi   

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